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Trump, el derecho internacional y el Sahara Occidental

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Ali Salem Iselmu علي سالم اسلمو
 
 

Cuando leí el mensaje del presidente de Estados Unidos, Donald Trump en Twitter, reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, me sentí indignado y consternado ante el alcance y la gravedad de la noticia. Los saharauis somos un pueblo de raíces profundas, arraigados en la cultura del desierto y la tradición nómada. Hemos sido, sin embargo, agraviados por el presidente de la primera potencia mundial. La destrucción del derecho a la autodeterminación, el ataque a un territorio no autónomo, cuyo pueblo vive un largo exilio, rompen los argumentos de la paz y el derecho internacional. Socavan el orden que nació en 1945 en San Francisco con la creación de las Naciones Unidas.

 
¿Cómo es posible que el presidente de la primera democracia en el mundo, hable de fraude electoral, apele a los tribunales de su país y pelee por cada voto en un duelo con el presidente electo Joe Biden? En cambio, cuando anunció el reconocimiento a la soberanía de Marruecos sobre el Sahara, ni siquiera consultó el dictamen del Tribunal de La Haya de 1975 ni el informe del año 2002 de Hans Corell, asesor jurídico de la ONU. Los saharauis entraron en guerra el pasado 13 de noviembre. Su ejército de liberación sigue atacando el muro con el que Marruecos se anexionó parte del Sahara Occidental. La República Saharaui es miembro fundador de la Unión Africana (UA), goza de un amplio reconocimiento diplomático y jamás permitirá la usurpación de su territorio a la fuerza por parte del Gobierno marroquí.
España, Argelia y el Sahara Occidental, países fronterizos con Marruecos, conocen el largo historial de intentos de apropiación a la fuerza y el expansionismo que ejerce el Gobierno marroquí de forma permanente. La región del sur de Europa y el norte de África están en estado de alerta, después de esta lamentable decisión política.
La ONU y España, como potencia administradora del Sahara Occidental, han recibido una bofetada con esta triste decisión de la administración Trump. Las aguas que bañan las Islas Canarias, el Guerguerat y la larga frontera de Argelia sufrirán las consecuencias de este atropello al derecho internacional. Trump habla de las elecciones en su país, del voto por correo. Sabe que a veces se gana y otras veces se pierde. Marruecos en el Sahara pretende imponerse sin elecciones, sin libertad de movimiento, sin libertad de expresión. La estrategia es ir abriendo consulados en países que desprecian el orden internacional y violan los tratados al reconocer una soberanía ilegitima. Ojalá el próximo inquilino en la Casa Blanca, corrija esta decisión deleznable, abra sus manos hacia la libertad y coloque a Estados Unidos en el lado bueno de la historia; el lado de la defensa de la descolonización y el fin de la ocupación militar por parte de Marruecos al Sahara Occidental. Una tarea urgente e ineludible.
El reverendo estadounidense Martin Luther King dijo: «la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes». Quiénes permiten el atropello de un derecho claro y callan ante una flagrante violación terminarán destruyendo el orden mundial que nos permitió vivir dentro de unas leyes desde la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha de hoy.
España ha de tomar una posición clara y defender ante las Naciones Unidas el territorio del que sigue siendo responsable. Marruecos tiene muchas estrategias diseñadas para esta región, sus ansias expansionistas las ha sufrido Argelia en 1963 en la guerra de las arenas y Mauritania fue reclamada como parte suya hasta que Hasan II, bajo presiones de Francia estableció relaciones diplomáticas en 1970.
La historia es caprichosa y el destino a veces es incierto. Esta terrible decisión de la administración Trump puede ayudar a una nueva Marcha Verde que Marruecos podrá lanzar en un momento de debilidad sobre cualquiera de sus vecinos.
Exijamos el cumplimiento del principio de autodeterminación y habremos dado un paso a favor del pueblo saharaui y la recuperación de su tierra. Hay un viejo refrán que esconden las arenas movedizas del Sahara cerca de algún oasis y dice, «no somos generosos para regalar lo que es nuestro, tampoco somos cobardes para emprender la huida». Resistiremos a esta nueva afrenta de Trump, hasta el último niño, hasta la última anciana. No cederemos nuestra libertad y nuestra tierra, en ella está la huella indeleble de nuestros antepasados.
Si Kuwait fue ocupado por Irak en 1990, el Sahara Occidental fue ocupado por Marruecos en 1975, dos hechos que deben permanecer vivos en nuestra memoria. No permitamos pues que la fuerza aplaste la razón. No olvidemos la lección de David y Goliat